Introducción
El sistema sanitario se estructura en niveles de atención con complejidades distintas; sin embargo, es en el tercer nivel donde enfrentamos los mayores retos de seguridad. Aquí, el perfil del paciente se caracteriza por una alta dependencia y estancias prolongadas, especialmente en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). En este entorno, la atención personalizada convive con el uso constante de dispositivos invasivos como la Ventilación Mecánica Invasiva (VMI), catéteres centrales y sondas uretrales, factores de riesgo que elevan exponencialmente la susceptibilidad a las IAAS.
Ante este panorama, la vigilancia activa deja de ser una opción para convertirse en una necesidad obligatoria. El punto de partida debe ser siempre un diagnóstico situacional riguroso que nos permita priorizar aquellas infecciones con potencial de convertirse en crisis incontrolables. A partir de este análisis, es vital activar Procesos Operativos Estandarizados (POE); si no existen, nuestra labor como líderes es diseñar las estrategias para su ejecución y posterior evaluación, transformando los datos en oportunidades reales de mejora.
El Huésped, el Agente y el Reservorio:
La ecología hospitalaria es un sistema dinámico donde la microbiota residente del paciente (reservorio) compite con los microorganismos del entorno. En la UCI, el ambiente se convierte en un reservorio persistente: desde los lavamanos y equipos biomédicos hasta las superficies en la estación de enfermería. Si no existe una higiene de manos rigurosa, el personal de salud actúa como el vector principal de la transmisión cruzada, colonizando a nuevos ingresos y dejándolos vulnerables a infecciones nosocomiales de difícil manejo.
Patógenos Críticos en el Tercer Nivel.
Lo más crítico hoy en día es la emergencia de microorganismos con mecanismos de resistencia complejos. Desde la coordinación, entendemos que el antibiograma no es un simple reporte administrativo, sino la hoja de ruta estratégica para el escalonamiento o desescalamiento terapéutico oportuno. Trabajamos de la mano con el laboratorio de bacteriología para la detección temprana de genes de resistencia como KPC, NDM, OXA-48, VIM e IMP.
Asimismo, mantenemos una vigilancia activa sobre patógenos con resistencias intrínsecas o de difícil control, tales como Acinetobacter spp., Stenotrophomonas maltophilia, Burkholderia cepacia y Clostridioides difficile. Nuestra prioridad es el aislamiento inmediato, ya sea individual o por cohorte, para cortar la cadena de diseminación y garantizar la seguridad del resto de la población hospitalaria.
Conclusión
La complejidad del paciente en estado crítico nos obliga a evolucionar de una vigilancia pasiva basada en reportes, a una gestión proactiva basada en la evidencia y el diagnóstico oportuno. Como hemos analizado, el control de las IAAS no depende únicamente de la disponibilidad de antibióticos de última generación, sino de la capacidad del sistema para interrumpir la transmisión en el punto de atención y de la integración técnica entre el laboratorio y la coordinación clínica.
El desafío es constante y la resistencia bacteriana no da tregua. Sin embargo, cuando estandarizamos procesos, fortalecemos la vigilancia de genes de resistencia y priorizamos el aislamiento preventivo, estamos construyendo instituciones más seguras. La seguridad del paciente es, en última instancia, el resultado de una cultura organizacional que no tolera la infección evitable.
Me gustaría conocer tu opinión: ¿Cuáles son los principales retos que enfrentas en tu hospital o clínicas privadas o unidades de salud para el control de microorganismos multirresistentes? te invito a compartir tu experiencia en los comentarios para que juntos sigamos fortaleciendo la seguridad hospitalaria.
Cecilio Ottoniel Aranda Especialista en Prevención de Infecciones y Epidemiología, Certificado por la Asociación Latinoamericana para el Control de Infecciones (ASLACI). Actualmente se desempeña como Coordinador de Prevención y Control de Infecciones, donde lidera procesos de vigilancia activa en unidades de pacientes críticos. Su labor se centra en la elaboración y revisión de protocolos de calidad orientados a la seguridad del paciente y la reducción de las IAAS mediante la implementación de prácticas basadas en la evidencia.
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